
El sí de las niñas, como sabemos, es una obra de Leandro Fernández de Moratín que no tiene nada, salvo el título, que ver con lo que voy a escribir hoy pero cuyo título me viene al pelo.
Quiero hacerlo de la facilidad con que algunas niñas dicen sí a un encuentro e, incluso, una fuga con elementos de lo más indeseable que han conocido en las redes sociales. Recordemos, por citar alguno, el caso de hace unos meses de una chica del Barrio de Salamanca, de Madrid, que se marchó con un rumano bastante mayor que ella que la obligó, junto con su familia, a ejercer de prostituta hasta que fue rescatada y, más recientemente y de eso es de lo que quiero hablar, la niña de 13 años de Utrera que conoció y se relacionó, a través de Tuenti, con un "señor" de 28 años, que se declaraba satánico en su perfil de una red social, y que terminó apedreando a la niña y dejándola en tal estado que todavía continúa en la UCI.
Pienso, y no hay quien me apee del burro en ese sentido, que nuestros hijos son nuestra responsabilidad desde el momento de su concepción hasta que se marchen de casa pues, aunque sean mayores de edad, si mi hijo vive en mi casa las normas las pongo yo o, a lo sumo, las consensuamos entre todos. Tenemos, como padres, la obligación de no darles a nuestros hijos todo lo que piden, de no comprarles, aunque económicamente nos lo podamos permitir, todos los caprichos que nos puedan pedir porque, de hacerlo, estaremos creando personas caprichosas y exentas de ciertos valores que, a la larga, pueden hacerles sufrir mucho.
El ser padre, no nos engañemos, no es el ser el amigo guay de tus hijos, aunque también puedas serlo a ratos y exista mucha complicidad y mucha confianza con ellos. El error que muchas veces se comete es el actuar con ellos por la vía fácil, ceder ante su insistencia, porque ¿cuantas veces hemos oído de padres que conocemos eso de: "es que porque no se enfade...", "es que no puedo con él/ella..." y el largo etc. que precede a la realidad de que el niño manda en casa y es el único que maneja su vida, una vida que aún no está capacitado para manejar?.
Y luego, con el paso de los años, llegan las "madres mías" y los "si hubiera" y entonces, por regla general, es cuando el asunto ya no tiene arreglo o cuando, en algunos casos, se ha desencadenado la tragedia, como en el caso de esta niña de 13 años que está en la UCI, tragedia que, quizás, hubiera podido evitarse si sus padres hubieran controlado un poco más qué hacía la niña con el ordenador y con quién se relacionaba, cosa que, sin duda, estarán reprochándose ahora mientras sufren lo indecible por ver el estado en que se encuentra.
A veces, por tu responsabilidad de padre, te ves obligado a decirles palabras muy duras para que comprendan la gravedad de sus actos y yo, que no tengo hijos perfectos como dice mucha gente que son los suyos, pero que ahora son adultos responsables, cosa de lo que me enorgullezco, recuerdo escribiendo esto una de tantas de las que me hizo mi hijo pequeño que era más propenso a las travesuras que el mayor. Y es que mi marido tenía la puñetera costumbre de, al llegar a casa, sacar el dinero que llevaba en el bolsillo (procedente de cobros del negocio por lo que, a veces, la cantidad es abultada) y dejarlo en la cocina hasta que llegaba yo y lo ponía en su sitio para llevarlo a la oficina y contabilizarlo, etc.
Y un día, recuerdo que era sábado y había salido a cobrar unas facturas, llegó a mediodía, comimos, recogimos la cocina, etc. y él sacó el dinero cuando yo ya me había ido a tumbarme en el sofá a echar la siesta. Siesta que aprovechó el niño para cambiarle a su padre billetes de 1.000 Ptas. (hace mucho tiempo ya de esto) por cromos de Pokémon que era lo que se llevaba entonces. Cuando me levanté de la siesta y fui a la cocina a hacerme un café cogí el dinero para guardarlo y me encontré con "el pastel", por lo que inmediatamente llamé a mi hijo (yo sabía cual de los dos había sido porque para algo los he parido yo) y le pregunté: "¿oye tú sabes quien ha sustituido billetes por cromos aquí?", el niño, con más cara que espalda, me dijo: "sí mami, yo he visto un fantasma que me quitaba cromos y los cambiaba por billetes y los metía en mi hucha".
Tragué saliva dos veces y me puse las manos detrás por no estrangularlo directamente y le di una charla preciosa sobre lo que significaba robar y sus consecuencias y, a continuación, le dije que trajera la hucha, la abrí con un abrelatas y saqué los billetes y una moneda de 100 Ptas. para comprar otra hucha.
Yo no sé si es que me pasé con la charla que le di pero el caso es que al niño le dio por decir que era un ladrón y que se iba al cuartel a entregarse para que lo encerraran y lo tuvieran a pan y agua (esto, supongo, producto de las películas) y, como tiene la cabeza cuadrada, por más que le decíamos que ese no era el castigo y que sólo queríamos que aprendiera la lección, el niño erre que erre hasta dándose cabezazos en la puerta para que le dejáramos salir e ir a entregarse a las autoridades. Ahora me río recordándolo pero nos dio una tarde que no se la deseo a nadie porque estuvo así un montón de horas pero, eso sí, la lección la aprendieron los dos y, aunque este me cobra lo que él llama el impuesto revolucionario cuando lo mando a comprarme tabaco, jamás han cogido ni un euro lo vieran donde lo vieran, de hecho hasta me traen el monedero para que yo les de el dinero cuando los mando a comprar algo o, antes de comprarse algo que vayan a pagar con tarjeta, aunque sea unos auriculares, me llaman y me lo comunican. Igual me he pasado con ellos, porque el mayor tiene 26 años ya, pero me da lo mismo porque, en ciertas cosas, prefiero pecar por exceso que por defecto.
Quiero hacerlo de la facilidad con que algunas niñas dicen sí a un encuentro e, incluso, una fuga con elementos de lo más indeseable que han conocido en las redes sociales. Recordemos, por citar alguno, el caso de hace unos meses de una chica del Barrio de Salamanca, de Madrid, que se marchó con un rumano bastante mayor que ella que la obligó, junto con su familia, a ejercer de prostituta hasta que fue rescatada y, más recientemente y de eso es de lo que quiero hablar, la niña de 13 años de Utrera que conoció y se relacionó, a través de Tuenti, con un "señor" de 28 años, que se declaraba satánico en su perfil de una red social, y que terminó apedreando a la niña y dejándola en tal estado que todavía continúa en la UCI.
Pienso, y no hay quien me apee del burro en ese sentido, que nuestros hijos son nuestra responsabilidad desde el momento de su concepción hasta que se marchen de casa pues, aunque sean mayores de edad, si mi hijo vive en mi casa las normas las pongo yo o, a lo sumo, las consensuamos entre todos. Tenemos, como padres, la obligación de no darles a nuestros hijos todo lo que piden, de no comprarles, aunque económicamente nos lo podamos permitir, todos los caprichos que nos puedan pedir porque, de hacerlo, estaremos creando personas caprichosas y exentas de ciertos valores que, a la larga, pueden hacerles sufrir mucho.
El ser padre, no nos engañemos, no es el ser el amigo guay de tus hijos, aunque también puedas serlo a ratos y exista mucha complicidad y mucha confianza con ellos. El error que muchas veces se comete es el actuar con ellos por la vía fácil, ceder ante su insistencia, porque ¿cuantas veces hemos oído de padres que conocemos eso de: "es que porque no se enfade...", "es que no puedo con él/ella..." y el largo etc. que precede a la realidad de que el niño manda en casa y es el único que maneja su vida, una vida que aún no está capacitado para manejar?.
Y luego, con el paso de los años, llegan las "madres mías" y los "si hubiera" y entonces, por regla general, es cuando el asunto ya no tiene arreglo o cuando, en algunos casos, se ha desencadenado la tragedia, como en el caso de esta niña de 13 años que está en la UCI, tragedia que, quizás, hubiera podido evitarse si sus padres hubieran controlado un poco más qué hacía la niña con el ordenador y con quién se relacionaba, cosa que, sin duda, estarán reprochándose ahora mientras sufren lo indecible por ver el estado en que se encuentra.
A veces, por tu responsabilidad de padre, te ves obligado a decirles palabras muy duras para que comprendan la gravedad de sus actos y yo, que no tengo hijos perfectos como dice mucha gente que son los suyos, pero que ahora son adultos responsables, cosa de lo que me enorgullezco, recuerdo escribiendo esto una de tantas de las que me hizo mi hijo pequeño que era más propenso a las travesuras que el mayor. Y es que mi marido tenía la puñetera costumbre de, al llegar a casa, sacar el dinero que llevaba en el bolsillo (procedente de cobros del negocio por lo que, a veces, la cantidad es abultada) y dejarlo en la cocina hasta que llegaba yo y lo ponía en su sitio para llevarlo a la oficina y contabilizarlo, etc.
Y un día, recuerdo que era sábado y había salido a cobrar unas facturas, llegó a mediodía, comimos, recogimos la cocina, etc. y él sacó el dinero cuando yo ya me había ido a tumbarme en el sofá a echar la siesta. Siesta que aprovechó el niño para cambiarle a su padre billetes de 1.000 Ptas. (hace mucho tiempo ya de esto) por cromos de Pokémon que era lo que se llevaba entonces. Cuando me levanté de la siesta y fui a la cocina a hacerme un café cogí el dinero para guardarlo y me encontré con "el pastel", por lo que inmediatamente llamé a mi hijo (yo sabía cual de los dos había sido porque para algo los he parido yo) y le pregunté: "¿oye tú sabes quien ha sustituido billetes por cromos aquí?", el niño, con más cara que espalda, me dijo: "sí mami, yo he visto un fantasma que me quitaba cromos y los cambiaba por billetes y los metía en mi hucha".
Tragué saliva dos veces y me puse las manos detrás por no estrangularlo directamente y le di una charla preciosa sobre lo que significaba robar y sus consecuencias y, a continuación, le dije que trajera la hucha, la abrí con un abrelatas y saqué los billetes y una moneda de 100 Ptas. para comprar otra hucha.
Yo no sé si es que me pasé con la charla que le di pero el caso es que al niño le dio por decir que era un ladrón y que se iba al cuartel a entregarse para que lo encerraran y lo tuvieran a pan y agua (esto, supongo, producto de las películas) y, como tiene la cabeza cuadrada, por más que le decíamos que ese no era el castigo y que sólo queríamos que aprendiera la lección, el niño erre que erre hasta dándose cabezazos en la puerta para que le dejáramos salir e ir a entregarse a las autoridades. Ahora me río recordándolo pero nos dio una tarde que no se la deseo a nadie porque estuvo así un montón de horas pero, eso sí, la lección la aprendieron los dos y, aunque este me cobra lo que él llama el impuesto revolucionario cuando lo mando a comprarme tabaco, jamás han cogido ni un euro lo vieran donde lo vieran, de hecho hasta me traen el monedero para que yo les de el dinero cuando los mando a comprar algo o, antes de comprarse algo que vayan a pagar con tarjeta, aunque sea unos auriculares, me llaman y me lo comunican. Igual me he pasado con ellos, porque el mayor tiene 26 años ya, pero me da lo mismo porque, en ciertas cosas, prefiero pecar por exceso que por defecto.