
Pero
es que, en la antigua Roma, los hombres, aunque llevaban falda (creo
que se llamaba dalmática) o toga, eran de los que se “vestían por
los pies”, cosa que, por supuesto, se puede aplicar pocos políticos
españoles y menos, muchísimo menos, a los que, pagados con nuestros
impuestos, se dedican a humillar hasta la extenuación a las víctimas
del terrorismo.
Hoy,
con el país convertido en unos “Establos de Augías” tan llenos
del fango de la corrupción que no sé si un Hércules sería capaz
de limpiarlos, asistimos atónitos a la noticia, no por esperada
menos temida, de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha
tumbado la Doctrina Parot. Y, más atónitos todavía, a la de que uno de
los que han votado a favor de ello y, al parecer, ha hecho lo posible
porque otros también votaran en ese sentido, ha sido uno de los
“nuestros”, el español López Guerra.
La
pena es que a López Guerra no le va a decir nadie que España no
paga traidores, porque sí que los paga, desgraciadamente, los paga con dinero, con
vergüenza, con sangre de las víctimas y con dolor, sobre todo con mucho dolor, con el de esos
familiares que primero tuvieron que enterrar a sus muertos y ahora
ven bailar sobre su tumba no sólo a sus asesinos sino, también, a
quienes tenían que defender su memoria.