
Lecciones de moral, ¡qué fácil darlas, qué daño pueden hacer y cuantas personas "expertas" en darlas!.
Las personas que las dan habitualmente suelen ser las que, precisamente, no pueden predicar con el ejemplo pero, ello no obstante, lo hacen, disfrutan haciéndolo y hasta se autoconvencen de que son maravillosas y están haciendo lo correcto. Se erigen en juez, castigo y verdugo de sus "alumnos elegidos".
Un día leí que todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta. Creo que, con independencia de las dimensiones de cada una de ellas, es cierto y todos las tenemos. Y eso le viene estupendamente a las personas que viven de dar lecciones de moral. Basta con que descubran una pequeña parcela de tu vida que te compete exclusivamente a ti para que empiecen los golpes de pecho y el escarnio público.
A estas "profesoras de lo absurdo" les va cualquier tema, saben de todo, opinan de no importa qué pero, eso sí, diciendo al mismo tiempo frases como: "yo nunca lo haría, claro".
Y a toda esa gente te dan ganas de decirle: "¿pero tú de qué vas?, ¿te crees mejor que yo?, ¿lo tuyo qué es envidia o caridad?", pero normalmente no decimos nada, lo que hacemos es sufrirlo en silencio o en un círculo muy reducido, o hacer como si no nos afectara aunque realmente sí lo haga o, lo que me parece incluso peor, modificamos nuestros hábitos para que se acaben las lecciones. Cada uno tenemos nuestro mecanismo de defensa contra eso.
Gran parte de las veces, las "lecciones de moral" que suelen darte son exclusivamente fruto de la envidia. Las "profesoras de lo absurdo" son gente a la que le gustaría ser como tú y no da la talla, que envidia tu cara, tu trabajo, como escribes, tu actitud ante la vida o vete tú a saber, todo les vale en realidad.
Son enanos emocionales, gente que, cara a cara, jamás tendría las narices necesarias para darte la "lección" de turno, que tiene que valerse de terceros o verse protegida por un público o por el anonimato para dar la clase.
También son expertos. Lo son en manipular, en (discúlpenme la expresión) cogérsela con papel de fumar, en dar una imagen de beatitud de sí mismos que no se corresponde en absoluto con la realidad.
Y también son, a mi juicio, basura humana.
P.D. Esta reflexión la publiqué en Escribimospensamientos en mayo del pasado año y es uno de mis escritos más leídos, en concreto 4.929 veces, así que hoy me apetecía hacerle un pequeño homenaje y por eso lo publico aquí, para quienes no lo leyeran en su momento.
Las personas que las dan habitualmente suelen ser las que, precisamente, no pueden predicar con el ejemplo pero, ello no obstante, lo hacen, disfrutan haciéndolo y hasta se autoconvencen de que son maravillosas y están haciendo lo correcto. Se erigen en juez, castigo y verdugo de sus "alumnos elegidos".
Un día leí que todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta. Creo que, con independencia de las dimensiones de cada una de ellas, es cierto y todos las tenemos. Y eso le viene estupendamente a las personas que viven de dar lecciones de moral. Basta con que descubran una pequeña parcela de tu vida que te compete exclusivamente a ti para que empiecen los golpes de pecho y el escarnio público.
A estas "profesoras de lo absurdo" les va cualquier tema, saben de todo, opinan de no importa qué pero, eso sí, diciendo al mismo tiempo frases como: "yo nunca lo haría, claro".
Y a toda esa gente te dan ganas de decirle: "¿pero tú de qué vas?, ¿te crees mejor que yo?, ¿lo tuyo qué es envidia o caridad?", pero normalmente no decimos nada, lo que hacemos es sufrirlo en silencio o en un círculo muy reducido, o hacer como si no nos afectara aunque realmente sí lo haga o, lo que me parece incluso peor, modificamos nuestros hábitos para que se acaben las lecciones. Cada uno tenemos nuestro mecanismo de defensa contra eso.
Gran parte de las veces, las "lecciones de moral" que suelen darte son exclusivamente fruto de la envidia. Las "profesoras de lo absurdo" son gente a la que le gustaría ser como tú y no da la talla, que envidia tu cara, tu trabajo, como escribes, tu actitud ante la vida o vete tú a saber, todo les vale en realidad.
Son enanos emocionales, gente que, cara a cara, jamás tendría las narices necesarias para darte la "lección" de turno, que tiene que valerse de terceros o verse protegida por un público o por el anonimato para dar la clase.
También son expertos. Lo son en manipular, en (discúlpenme la expresión) cogérsela con papel de fumar, en dar una imagen de beatitud de sí mismos que no se corresponde en absoluto con la realidad.
Y también son, a mi juicio, basura humana.
P.D. Esta reflexión la publiqué en Escribimospensamientos en mayo del pasado año y es uno de mis escritos más leídos, en concreto 4.929 veces, así que hoy me apetecía hacerle un pequeño homenaje y por eso lo publico aquí, para quienes no lo leyeran en su momento.








