
Nunca, y menos siendo mujer como lo soy, entenderé que se discrimine a nadie por razón de sexo, ni laboralmente hablando ni en cualquier otro ámbito, ello no obstante, tampoco entiendo la fijación que tienen algunas de nuestras ministras por meternos a las mujeres con calzador en ciertos sitios, proceda o no.
Y digo esto porque ayer tuvo que ser aplazado el fallo del Premio Nacional de Cine, debido a que el jurado responsable otorgar el galardón, publicado en el BOE el pasado 12 de julio, no cumplía los criterios de paridad, es decir que había 7 hombres y 3 mujeres y, claro, eso a nuestra ministra de cultura, la Srta. Sinde, pues como que no le cuadra, máxime habiendo aprobado en el mes de mayo pasado la Ley de Igualdad que, como todas, tiene sus cosas buenas, las malas y las peores.
Y las peores son, entre otras, el que, como he dicho antes, se nos trate de meter a las mujeres con calzador en ciertos sitios por ese absurdo complejo de inferioridad que, parece ser, tienen las feministas recalcitrantes como nuestra ministra y que, lejos de beneficiarnos, lo único que hacen es hacernos un flaco favor a las mujeres, manteniéndonos continuamente en la picota de la supuesta discriminación a la que los hombres, esos "ogros" terribles (según ellas), nos someten a cada paso que damos.
Yo no sé si yo es que soy tonta o rara pero a mí el hecho de ser, por ejemplo, minera o chatarrera (por citar dos oficios tradicionalmente realizados por hombres) es que no me atrae en absoluto, por mí podían haber miles de puestos de trabajo de esos disponibles que, a no ser que tuviera una necesidad imperiosa de dinero, ahí se iban a quedar porque no sería yo quien optara a uno de ellos.
Y con ciertos trabajos, como el de cineasta, la realidad es que en ese sector tradicionalmente trabajan más hombres que mujeres y, por ende, ni discriminación, ni paridad, ni leches para justificar el que se anule el fallo de un premio por el hecho de que en el jurado había un 70% de hombres y un 30% de mujeres. Eso, en mi tierra, es "sacar los pies del tiesto" sin necesidad y hacer el imbécil lisa y llanamente, además de los gastos innecesarios que provoca una nueva elección de jurado, por supuesto. En ese caso concreto, dado que el porcentaje de hombres que trabajan en el sector es mucho más elevado, la paridad sería precisamente que hubiera más hombres que mujeres.
Y, para terminar, aunque sé que no tengo ninguna posibilidad de que me vaya a leer ninguna de estas ministras salvadoras, yo les rogaría que, cuando se les llene la boca de "igualdad", "paridad" y ese largo etc. que utilizan para justificar sus sueldos utilizando, en muchos casos, a las mujeres que conmigo que no cuenten, que yo me las apaño sola y ni me ha discriminado ni me discrimina ni el "Tato" por el hecho de ser mujer, es más, me encanta serlo y ser diferente de los hombres.








