
Ayer, cuando escribí sobre la hija de Garzón, puse que Martu Garrote, no contenta con llamar a los discapacitados de la Comunidad de Madrid "mendigos", "pordioseros", "tullidos" y "polipoterras", ha pensado ahora que no le acomoda la placa conmemorativa de los sacerdotes asesinados durante la Guerra Civil que hay en la catedral de Granada y se ha despachado diciendo en su Facebook: "Siempre digo que en España quemamos pocas Iglesias y matamos pocos curas, pero en la Catedral de Granada dan fe de lo malos que somos los rojos".
Esa frase me lleva picando desde ayer y, aunque a mí no me va a subir la tensión por ningún tema político porque, aunque pueda parecer lo contrario, la política me deja dormir, he de reconocer que me molestan sobremanera las declaraciones de este tipo.
Y, reflexionando sobre ello, caigo una vez más en la cuenta del daño tan grande que Zapatero le ha hecho a este país (tocaba hablar de él porque no hay que perder las buenas costumbres), pues no se ha conformado solamente con dejarlo en la ruina, sino que ha conseguido que el tema de la guerra civil sea algo cotidiano y se fomenten odios y rencillas donde antes no había más que una historia que olvidar y, sobre todo, que no repetir.
A mí me parece muy bien, como imagino que se lo parecerá a cualquiera con un poco de sensatez, que se recuperen todos los cadáveres que pueda haber por ahí en fosas comunes o enterrados en cualquier sitio y se les de una digna sepultura, a todos, a los que fueron militantes de izquierda y a los que lo fueron de derechas, de hecho yo no descansaría hasta tenerlos a todos localizados. Ahora bien, lo que jamás me va a parecer bien es que nos pinten el asunto como si en la dichosa guerra sólo hubiera habido víctimas de un lado, sencillamente porque no fue así y ambos bandos cometieron atrocidades, tantas que hasta hubo casos que en la misma familia un hermano estaba en un bando y otro en el contrario y no por ideología, ni mucho menos, sino porque le tocó porque sí y no había más narices que aceptarlo.
Por ello, palabras como las de Martu Garrote, incitando a la violencia, tan llenas de rencor y de maldad me producen una repugnancia infinita y es que, lo miremos como lo miremos, son tan infames como si a alguien se le ocurriera ahora mismo decir que no se fusilaron suficientes personas de izquierdas. La diferencia es que si alguien dijera eso ahora mismo aquí se liaba parda y, por contra, parece que hay quienes tienen patente de corso para hacer y decir lo que les de la gana, para arrogarse un sufrimiento que no fue suyo exclusivamente sino de todos.
Un día, sobre la Semana Santa pasada, escribí aquí una cosa que titulé como “maldito cabrón”, y lo hice por aquel pirado que incendió la Sagrada Familia, porque mi madre, que tiene demencia senil y casi ningún recuerdo, al ver la noticia en la tele revivió las cosas que, con 6 años, vivió durante la guerra: iglesias incendiadas y santos cayendo por un puente al río y el desconsuelo que le provocó revivir eso no tenía fin. Eso es parte de lo que nunca debió ver nadie, ni ella ni ningún otro niño, como también fueron parte muchas atrocidades que cometieron ambos bandos. Pero fue, no es, y como tal ya es tiempo de pasar página de una puñetera vez y de ponerle un “bozal” a gente como la señora o señorita Garrote y decirle que ya está bien, que ya hace demasiados años que el tema se acabó.
Esa frase me lleva picando desde ayer y, aunque a mí no me va a subir la tensión por ningún tema político porque, aunque pueda parecer lo contrario, la política me deja dormir, he de reconocer que me molestan sobremanera las declaraciones de este tipo.
Y, reflexionando sobre ello, caigo una vez más en la cuenta del daño tan grande que Zapatero le ha hecho a este país (tocaba hablar de él porque no hay que perder las buenas costumbres), pues no se ha conformado solamente con dejarlo en la ruina, sino que ha conseguido que el tema de la guerra civil sea algo cotidiano y se fomenten odios y rencillas donde antes no había más que una historia que olvidar y, sobre todo, que no repetir.
A mí me parece muy bien, como imagino que se lo parecerá a cualquiera con un poco de sensatez, que se recuperen todos los cadáveres que pueda haber por ahí en fosas comunes o enterrados en cualquier sitio y se les de una digna sepultura, a todos, a los que fueron militantes de izquierda y a los que lo fueron de derechas, de hecho yo no descansaría hasta tenerlos a todos localizados. Ahora bien, lo que jamás me va a parecer bien es que nos pinten el asunto como si en la dichosa guerra sólo hubiera habido víctimas de un lado, sencillamente porque no fue así y ambos bandos cometieron atrocidades, tantas que hasta hubo casos que en la misma familia un hermano estaba en un bando y otro en el contrario y no por ideología, ni mucho menos, sino porque le tocó porque sí y no había más narices que aceptarlo.
Por ello, palabras como las de Martu Garrote, incitando a la violencia, tan llenas de rencor y de maldad me producen una repugnancia infinita y es que, lo miremos como lo miremos, son tan infames como si a alguien se le ocurriera ahora mismo decir que no se fusilaron suficientes personas de izquierdas. La diferencia es que si alguien dijera eso ahora mismo aquí se liaba parda y, por contra, parece que hay quienes tienen patente de corso para hacer y decir lo que les de la gana, para arrogarse un sufrimiento que no fue suyo exclusivamente sino de todos.
Un día, sobre la Semana Santa pasada, escribí aquí una cosa que titulé como “maldito cabrón”, y lo hice por aquel pirado que incendió la Sagrada Familia, porque mi madre, que tiene demencia senil y casi ningún recuerdo, al ver la noticia en la tele revivió las cosas que, con 6 años, vivió durante la guerra: iglesias incendiadas y santos cayendo por un puente al río y el desconsuelo que le provocó revivir eso no tenía fin. Eso es parte de lo que nunca debió ver nadie, ni ella ni ningún otro niño, como también fueron parte muchas atrocidades que cometieron ambos bandos. Pero fue, no es, y como tal ya es tiempo de pasar página de una puñetera vez y de ponerle un “bozal” a gente como la señora o señorita Garrote y decirle que ya está bien, que ya hace demasiados años que el tema se acabó.











